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Una experiencia peruana: Presupuesto Participativo en Miraflores
(exposición de Jimena Sánchez)
El presupuesto participativo es una institución propia de la democracia
participativa que se está impulsando en los cinco continentes. Existen
experiencias muy interesantes que se están realizando como por ejemplo
en la ciudad de Kerala en la India o en la ciudad de Chicago en Estados Unidos.
El Presupuesto Participativo es una realidad que ha venido a quedarse y que
poco a poco se va consolidando.
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| De izquierda a derecha: Jimena Sánchez, Francis
Jorge y Karolin Reyes |
En el caso peruano, si bien se desarrollaron experiencias aisladas en los años
noventas, en el año 2003 los colectivos de la sociedad civil consiguieron
que el Congreso aprobara la Ley Marco del Presupuesto Participativo. Gracias
a esta ley tanto los gobiernos regionales como municipales están obligados
a contar con planes de desarrollo concertados con la población y presupuestos
participativos.
La planificación concertada no llegó a consolidarse de manera
adecuada en el Perú por diversas razones: poca voluntad política
de las autoridades regionales y locales, falta de capacitación e información
de los funcionarios y organizaciones de la sociedad civil, ausencia de un liderazgo
nacional por parte del gobierno central, entre otras. Incluso se creó
un Consejo Nacional de la Descentralización que no llegó a liderar
este proceso de planificación. Este es un problema que todavía
subsiste en el Perú y que ha producido que el presupuesto participativo
muchas veces se oriente a objetivos que no están necesariamente previstos
en los planes de desarrollo ya sean municipales o regionales.
El Perú y República Dominicana son los únicos países
de América Latina que han promulgado una ley que establece la obligatoriedad
de convocar al presupuesto participativo. En el caso del Perú, se dio
una ley que establece las mismas reglas de juego tanto para gobiernos regionales
como para municipalidades. Incluso en el caso de las municipalidades, todas
deben aplicar la misma metodología sin diferenciar si se trata de municipios
rurales o urbanos, sin diferenciar en el número de habitantes o extensión,
es decir, sin establecer ningún tipo de distingos entre ellos. En mi
opinión, en el Perú se ha cometido un error al haberse promulgado
una ley que no hace distingos y que es en exceso reglamentarista. Creo que incluso
en el caso de los gobiernos locales la riqueza de las experiencias está
precisamente en su diversidad y en cómo lograr que cada uno adapte la
ley a su realidad local.
El proceso en el Perú se realiza básicamente de la siguiente
manera: Existe un Consejo de Coordinación en cada municipio que está
integrado por las autoridades en un 60% y por la sociedad civil en un 40%. Este
Consejo en teoría es quien debería liderar el proceso del presupuesto
participativo, sin embargo en la práctica los regidores (o concejales)
no participan directamente del proceso siendo el alcalde (o síndico)
quien impulsa el proceso. Por lo general la gerencia de planificación
o la gerencia de participación vecinal de cada municipio es quien se
encarga de la convocatoria al proceso y de organizar los talleres. En estos
talleres participan organizaciones de la sociedad civil y se delibera acerca
de las prioridades en las que se desea invertir los recursos. Un equipo técnico
se encarga de dirigir los talleres y de presentar una relación de proyectos
para que las organizaciones voten.
Una vez que se realiza la votación, el alcalde o quien preside el equipo
técnico presenta a este Consejo de Coordinación -(integrado por
el alcalde y los concejales que tienen un 60% y por las organizaciones de la
sociedad civil que suman un 40%)- los resultados y se produce una segunda votación
para ratificar estos acuerdos. Luego, para que estos compromisos sean integrados
en el presupuesto municipal, deben ser ratificados por el Consejo Municipal
(conformado por el alcalde y los concejales). Algunas veces ha sucedido que
se aprueba un presupuesto participativo por el Consejo de Coordinación
y luego el Consejo Municipal no lo integra en su totalidad en el presupuesto
institucional.
En la práctica algunos alcaldes cumplen con la formalidad de convocar
al presupuesto participativo, pero realizan un proceso con muy poca difusión
y con escasa participación de la comunidad, ya que no tienen la voluntad
política de realizarlo adecuadamente. También se dan problemas
no sólo en cuanto a la legitimidad del proceso convocado, también
en lo que se refiere a la articulación de estos presupuestos con los
planes de desarrollo. Existen problemas para que los presupuestos participativos
municipales se articulen a los regionales, pero también existen problemas
al interior de la propia institución municipal. Existen muchos casos
en donde los presupuestos participativos no se articulan con el plan de desarrollo
y el plan operativo institucional. Además, el Ministerio de Economía
y Finanzas regula el proceso de elaboración de los presupuestos institucionales
y cuenta con un Sistema Nacional de Inversión Pública que establece
una metodología para la elaboración de los proyectos.
En cuanto a los montos a destinar al proceso, no todas las municipalidades
o gobiernos regionales otorgan el mismo monto ya que la ley no es lo suficientemente
clara al respecto. Además existen municipios más ricos que pueden
otorgar montos más interesantes el proceso. Por ejemplo, en el caso de
Lima, los montos que destinan los municipios al presupuesto participativo difieren
notablemente: La municipalidad de Miraflores otorga al presupuesto participativo
aproximadamente 8 millones de dólares, siendo así el municipio
que más recursos destina en la capital. La Municipalidad de San Isidro
que tiene rentas similares y que tiene el índice más alto de desarrollo
humano destina un millón y medio de dólares aproximadamente.
En el caso de los gobiernos regionales -(una región está conformada
por un conjunto de municipios y cuenta con un presidente regional)- los montos
también varían de acuerdo a la voluntad política y prioridades
del gasto. El gobierno regional del Cusco otorga 9 millones y medio de dólares
al proceso, el gobierno regional del Callao (principal puerto peruano) 4 millones
y medio de dólares, etc.
Resumiendo podemos decir que las principales dificultades que tenemos en el
caso peruano con los presupuestos participativos están relacionadas con
la falta de voluntad política de algunos alcaldes; el desconocimiento
del proceso por falta de información tanto a nivel de la sociedad civil
como a nivel de los funcionarios; las trabas burocráticas que dificultan
la participación; el contar con una misma legislación para todos
y los bajos niveles de participación de la ciudadanía.
En este contexto que he descrito, la experiencia realizada por la Municipalidad
de Miraflores en el año 2007 es interesante porque reviste una serie
de particularidades. Miraflores es un distrito de clase media alta que tiene
ochenta mil habitantes y donde casi no existen organizaciones sociales de base.
Existían niveles muy reducidos de participación vecinal: por ejemplo
en el año 2006 participaron únicamente 56 personas en el presupuesto
participativo del distrito. Al iniciarse la gestión del alcalde, Manuel
Masías Oyanguren, se creó el Programa de Buen Gobierno que puso
énfasis en aumentar los niveles de participación social y en generar
una experiencia exitosa de presupuesto participativo. El contexto para desarrollar
la experiencia fue favorable porque se contó con la voluntad política
del Alcalde y los regidores, que se involucraron en el proceso.
El Programa de Buen Gobierno puso énfasis en desarrollar dos procesos,
la rendición de cuentas del alcalde y el presupuesto participativo, mediante
un enfoque transversal y asumiendo al presupuesto participativo como un proceso
de construcción de consensos y orientador de las prioridades de la gestión.
Una de las primeras acciones que se tomaron fue aprobar una norma que nos permitiera
adaptar la Ley Marco del Prepuesto Participativo a nuestra realidad local. Esta
norma fue socializada con las juntas de vecinos y estableció entre otras
cosas que los vecinos tienen derecho a voto; que los acuerdos del presupuesto
participativo son vinculantes, es decir de cumplimiento obligatorio y que Miraflores
otorgará el 100% de su presupuesto para inversiones al presupuesto participativo.
El monto que Miraflores destina al proceso (8 millones de dólares) está
muy por encima de municipalidades similares y muy por encima de muchos gobiernos
regionales.
La primera actividad que se realizó fue una audiencia pública
de rendición de cuentas donde el alcalde invitó a los vecinos
para rendir cuentas sobre su gestión municipal. En esta audiencia se
contó con la participación de instituciones como la ong Transparencia
en calidad de observador del proceso. Esta audiencia pública para rendir
cuentas que realizó el alcalde Manuel Masías, tuvo un doble impacto:
a nivel externo fue muy importante para los vecinos conocer diversos aspectos
de la gestión y ver a su alcalde dando cuentas; a nivel interno los funcionarios
pudieron comprender que somos servidores públicos y que como tal nos
debemos a nuestros vecinos.

El presupuesto participativo contó con una gran inversión en
publicidad. Se repartieron 40 mil cartas del Alcalde invitando a sus vecinos
a participar del proceso, igual número de folletos y volantes y se colocaron
en las principales avenidas y calles banderolas alusivas al proceso. Se contó
con la participación de artistas e intelectuales que vivían en
Miraflores que prestaron su imagen para las banderolas y folletos.
Como la gran meta era aumentar la participación de los vecinos, se eliminaron
las trabas que dificultan la participación, dando todas las facilidades
para que los vecinos pudieran inscribirse, incluso por Internet. Los talleres
del proceso se realizaron por las noches y de manera descentralizada. Además
Internet fue un poderoso aliado que permitió a los vecinos votar desde
su casa y trasmitir los talleres en vivo y en directo a través de nuestra
página web.
Nuestra prioridad estuvo puesta en la capacitación tanto de los miembros
del Consejo de Coordinación como de los funcionarios ediles y los vecinos.
Para ello se realizaron varios talleres de capacitación y de difusión
del proceso, para las juntas vecinales, las empresas privadas, los colegios,
las organizaciones sociales, vecinos, etc.
Luego de la capacitación se realizaron talleres por zonas del distrito
donde los vecinos hicieron un diagnóstico FODA y se realizaron mesas
de concertación sobre diversos aspectos como: Obras Públicas,
Seguridad Ciudadana, Desarrollo Empresarial, Transporte y Tránsito, Medio
Ambiente y Desarrollo Humano. En estas mesas de concertación participaron
los gerentes de cada área presentando sus propuestas de solución
a los problemas detectados en los talleres zonales y dialogando con los vecinos
en búsqueda de soluciones concertadas.
De esta manera, el presupuesto participativo pasó de ser un mero proceso
de asignación de recursos a convertirse en un espacio real de concertación
entre las fuerzas vivas de la comunidad, respecto a la hoja de ruta que deseamos
que siga nuestra ciudad.
Además gracias a la amplia convocatoria realizada, se logró que
participaran las empresas privadas como centros comerciales, cines, hoteles,
restaurantes, instituciones educativas. Se logró congregar también
a las iglesias de diversas confesiones religiosas como cristianos, católicos,
budistas, judíos, en un verdadero ejemplo de concertación para
el desarrollo que se tradujo en diversos proyectos.
La meta planteada se cumplió ya que se logró aumentar la participación
ciudadana notablemente y darle sostenibilidad al proceso. Se pudo lograr que
de 56 personas participando en el año 2006, tuviéramos en el año
2007 a 555 vecinos y en el año 2008 a 3,000 vecinos participando activamente.
Este aumento en la participación ha convertido a Miraflores, un distrito
tradicional de clase media alta, en uno de los distritos de Lima con mayores
índices de participación ciudadana.
Las lecciones aprendidas en estos dos años de presupuesto participativo
en Miraflores son numerosas: El presupuesto participativo es un espacio político
que sirve para prevenir conflictos sociales, definir las prioridades del desarrollo
local, construir capital social y legitimar las decisiones de gobierno. Es un
proceso que dinamiza las relaciones con los vecinos y que brinda respaldo a
las decisiones de gobierno ya que en el se desarrolla el concepto de buen gobierno.
Es un proceso que debe tener como grandes objetivos elevar la calidad de vida
de la población, hacer más eficiente el gasto, más transparentes
las decisiones y sirve para construir una relación de confianza y empatía
entre el alcalde y sus vecinos.
En Miraflores, un distrito sin necesidades básicas insatisfechas y que
no cuenta con organizaciones sociales de base se ha logrado realizar un proceso
de participación social con éxito, gracias a la voluntad política
de su Alcalde que apostó por este espacio.
Muchas Gracias.
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